Cuando hice mi primera investigación de campo en Perú, en 1974, me impresionaron las mujeres comerciantes fuertes, llenas de energía y a veces, impúdicas, conocidas como cholas. Ellas sobresalían porque se mostraban sin miedo, astutas e impredecibles. No pude encontrar su contraparte en los hombres peruanos. Las cholas no fingían ni humildad hacia los extranjeros blancos ricos ni admiración desenfrenada por sus costumbres. Ellas habitaban un mundo distinto al del campesinado quechua o del mestizo occidentalizado, pero interactuaban fácilmente tanto con campesinos como con mestizos. Ellas insultaban libremente a quienes querían; hacían negocios en carretillas y defendían su tierra; pero también podían ser sorprendentemente generosas, de manera casi religiosa.

Linda J. Seligmann
George Mason University
Lseligm2@osf1.gmu.edu